Con un penal fallado sobre la hora por Riquelme, el Villarreal salio con la frente en alto tras su gran campaña en la Champions League, que fue derribada por el club ingles del Arsenal, con uno portero record con su malla invicta.
Al Villarreal le entró el vértigo en el último escalón de la gloria y Riquelme fue el mejor ejemplo del estado de ánimo de un equipo que demostró ayer estar sobrepasado por la situación. Al contrario de su público, que fue, de largo, el mejor del partido. Al Arsenal le valió con la mediocridad y la especulación aliada con el fallo de un penalty en el 89 para ganar una plaza en la final de París. El miedo fue el gran vencedor de un partido en el que al Villarreal se le hizo tarde, al tiempo que al Arsenal le bastó con jugar un fútbol ruin. El premio fue para los ingleses, que le negaron la gloria a los locales, que decidieron buscar la hazaña por el camino de la miseria. Tuvieron su ocasión en un penalty decisivo que Riquelme falló y que podía cambiar la historia.
Es muy difícil que el Villarreal vuelva a jugar una semifinal de la Champions League. Es muy difícil que El Madrigal vuelva a acoger un partido con la trascendencia del que ayer jugaron los castellonenses contra el Arsenal. Pero es muy fácil que algunos de los jugadores que ayer defendieron la camiseta del Villarreal se encuentren de nuevo en una situación como la de ayer. Posiblemente, en otro equipo. Y no sería justo. Los mejores ayer fueron los aficionados amarillos. Los que se merecen volver a una semifinal son los que estuvieron en la grada.
Le faltó ayer al Villarreal un punto de locura, de fe en sí mismos, y de heroicidad. Todo lo que le sobró a una ciudad volcada con un milagro que al final no se concretó. Pero estuvo muy cerca. A once metros.
Dice el tópico que en un partido de esta calaña, tipo semifinal vuelta de la Champions, cualquier detalle es importante. Se apela al ‘efecto mariposa’. Ese teorema que explica cómo el aleteo de una mariposa en China puede provocar un huracán en California. Pues, ayer, un tal Flamini demostró ser menos que una mariposa. Se lesionó el lateral francés en el 17 de la primera parte y todo siguió igual sobre el césped de El Madrigal. Clichy igualó en mediocridad al lesionado y demostró que el guión de este partido debía escribirse en la segunda parte, cuando el factor grada gana enteros ante el factor talento.
En la primera hubo poco que destacar. Gilberto Silva y Senna empataron en su duelo de destruir el juego rival. Uno consiguió que El Madrigal sólo reconociera a Henry por el brazalete de capitán y el otro, que Riquelme jugara a ratitos, que ya era más de lo que pasó en Highbury.
De la lista de jugadores a seguir realizada por los periódicos en la previa, sólo se salvaba Cesc Fàbregas, que lleva el número 15 en el Arsenal, que le grita a todos, que le corrige la posición a Henry y que nunca pierde un balón.
Cesc fue durante mucho tiempo el termómetro del partido. Con Riquelme obsesionado en pisarla, Henry esperando un pase que no llegaba nunca.
Sólo uno de los cracks tuvo la oportunidad de hacer historia: Riquelme. Y la cagó con todo el equipo. El sueño acabó cruelmente.
Ficha técnica:
Villarreal
Arsenal
Arbitro: Valentin Ivanov (RUS). Sin tarjetas.
Incidencias: Partido de vuelta de las semifinales de la Liga de Campeones disputado en el estadio de El Madrigal ante 23.000 espectadores. Terreno de juego en perfectas condiciones.